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El Rincón de Ismael

Coaching para hacer las paces
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Cómo convertir nuestros entornos educativos en libres de violencia

Connstructores de paz

Tenía alrededor  de 20 años la primera vez que escuché hablar de la resolución de conflictos y tomé consciencia de que había diferentes maneras de abordarlo,  fue a los 27 cuando descubrí cuáles eran las 4 emociones básicas y sus funciones. A los 18 me había afrontado casi en solitario y sin criterios a los que agarrarme a la decisión de que quería ser de mayor; ni tan solo había tomado consciencia de que era importante para mí. Con los años me he dado cuenta de la sensación de soledad que experimentaba en la escuela a la hora de entender los conflictos, tomar decisiones importantes, gestionar mis emociones, en definitiva desarrollarme desde la no-violencia conmigo mismo y con el entorno.

En este post quiero ofreceros una propuesta para, de acuerdo con las recomendaciones de la UNESCO transformar nuestros centros educativos y entornos familiares en libres de cualquier tipo de violencia y constructores de una cultura de paz.

El sistema educativo actual

Fue en el contexto de la ilustración y la revolución industrial donde se engendró el sistema educativo hoy todavía vigente. Este ha tenido como único objetivo la capacitación de personas para que pudieran llevar a cabo trabajos específicos en las diferentes industrias que se gestaban.

Para el objeto que nos ocupa destacaremos las siguientes características de dicho modelo:

  • Se basa en una transmisión de conocimiento jerárquica del maestro al alumnado, convirtiéndose este en receptor pasivo y acrítico.
  • El aprendizaje se produce en clases magistrales y las escuelas se organizan de forma similar a las fábricas. Timbres, instalaciones separadas, divididas en clases, departamentos, grupos de edad, estandarización de currículums. Un sistema modelado desde el poder de la industria.   
  • Se considera que solo existe un único camino para resolver un determinado problema. Pensamiento convergente
  • Se evalúa la inteligencia del alumnado en función de su capacidad académica la cual se considera formada por una suma de capacidad deductiva y conocimiento de la cultura clásica. Se clasifica así a las personas en académicas y no académicas, considerando a las segundas no inteligentes y desaprovechando sus otros potenciales. Se genera además estigma.
  • Tener una titulación era garantía de acceso al mundo laboral.
  • Anestesia a alumnado, fomentando la antiestética, adormilando los sentidos y despreciando su fuente de creatividad.

Este sistema educativo resulta violento en sí mismo y, de hecho, observamos cómo, a pesar de la puesta en marcha de instrumentos a nivel internacional para garantizar la resolución pacífica de conflictos y la paz, a la entrada del siglo XXI, estos no parecen haber resultado demasiado efectivos. La violencia en sus diferentes formas sigue comprometiendo la integridad de las personas y del entorno.

Los retos para la educación del siglo XXI

Durante el siglo XX se vive una nueva revolución a nivel planetario y que supera la revolución industrial. La aparición de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, provoca una revolución tecnológica y una democratización del conocimiento. Es decir, cualquier persona con un terminal y acceso a la red puede acceder al conocimiento, pero no solo eso, sino también generarlo.

Esta misma revolución tecnológica ha sido, a su vez, el bálsamo para la gesta de un proceso de globalización económica -e incluso cultural- a escala planetaria. Dicha globalización plantea oportunidades, a la vez que amenazas en lo que a identidades y cultura de paz se refiere.

El reto está en generar entornos educativos que, además de permitir el desarrollo de las competencias necesarias para desenvolverse en la nueva economía global y de cambio constante, fomente valores, comportamientos y actitudes para el desarrollo de una cultura de paz. Es decir, escuelas y centros libres de violencia y capaces de educar para la no-violencia en cualquier de sus formas. Un sistema educativo que busque los siguientes objetivos -definidos según las recomendaciones de la UNESCO-:

  1. El alumnado tiene unos valores alineados con la cultura de paz -solidaridad, inclusión, participación, equidad, comunidad, medio ambiente-, así como conciencia de ciudadanía local y global. Los valores son la base con la que nos justificamos a nosotros mismos/as las decisiones y acciones que tomamos. Si los valores están alineados con la cultura de paz, las acciones también lo estarán. Asimismo hay que desarrollar una conciencia de las implicaciones de nuestras acciones.
  2. El alumnado tiene un sentido y propósito de vida inspirados en el desarrollo de una cultura de paz. Dar sentido a tu vida y tener un propósito vital, es condición necesaria para una paz interior, y esta para una paz colectiva. Es importante también que este propósito esté alineado con la cultura de paz.
  3. El alumnado es capaz de prevenir y gestionar positivamente el conflicto. Una adecuada gestión y prevención del conflicto es fundamental para una cultura de paz.
  4. El alumnado acepta la propia diferencia y tiene una actitud inclusiva hacia las demás personas. La aceptación de la diversidad es condición necesaria para una cultura de paz.
  5. El alumnado está preparado para el autoaprendizaje, la creatividad y la construcción colaborativa del conocimiento. Necesitamos personas con capacidad de autoaprendizaje, creatividad y colaboración para construir alternativas en hacia una cultura de paz.
  6. El alumnado está preparado para obtener información de su entorno -presencial y virtual- de una manera crítica, manteniendo una visión del estado el mundo. A menudo la violencia se genera a raíz de asimilar informaciones, ideas y creencias sin un espíritu crítico.
  7. El alumnado es capaz de tomar iniciativas, asumir responsabilidades y liderar proyectos sociales. La transformación social hacia una cultura de paz requiere de liderazgos apropiados.
  8. El personal docente tiene la capacidad de gestionar el conflicto entre los diferentes actores -profesorado, alumnos, familias ...-. Para garantizar dinámicas de no-violencia en la escuela es necesario un profesorado preparado para gestionar el conflicto de manera positiva.
  9. El personal docente tiene la capacidad de acompañar a los alumnos en el aprendizaje de la gestión del conflicto. El personal docente se convierte en referente para su alumnado, quien imitará sus acciones. Asimismo, la manera de abordar el conflicto repercutirá también en la calidad del ejercicio profesional.
  10. El personal docente encuentra un propósito y sentido a su profesión como docente. La paz interior del professorat será generadora de paz a su entorno, y su motivación mejorará la calidad de su actividad.
  11. El personal docente es capaz de comunicarse de manera efectiva en los diferentes entornos -Aula, claustro ...- y ejercer un liderazgo apropiado. La comunicación efectiva y la capacidad para lidiar con todos los actores implicados serán cruciales para evitar la violencia.
  12. El personal docente es capaz de trabajar en equipo y gestionarlos. La capacidad de gestionar equipos es necesaria para prevenir el conflicto entre sus propios miembros.
  13. El personal docente es capaz de gestionar su tiempo y evitar el bourn-out. Cuando nos desbordamos y estresamos, a menudo, generamos respuestas violentas.
  14. El personal docente es capaz de gestionar el cambio y adaptarse a él. El modelo educativo necesario para el desafío de educar en una cultura de paz requiere de cambios sustanciales en la forma de impartir las clases, el rol de los actores implicados, la distribución física de los centros, los diseños curriculares y de evaluación y un largo etc.
  15. Las familias son capaces de gestionar los conflictos internos de forma positiva, así como acompañar a sus hijos y hijas en la adquisición de esta competencia.

Una propuesta para conseguirlo

Me gusta definir el coaching para hacer las paces como el arte de acompañar a las personas al reencuentro con su esencia –propósito, valores y habilidades- para alumbrar nuevas posibilidades, desde y para una cultura de paz.

La propuesta es combinar la formación y el coaching para implantar la cultura de paz en los centros educativos, convirtiéndolos en centros libres de violencia y modelos según las recomendaciones de la UNESCO. Los pasos a seguir son:

  1. Diagnóstico: Revisar en qué punto nos encontramos en nuestro centro e incluso familia para cada uno de los 15 retos planteados. ¿Cómo abordamos el conflicto? ¿Cómo trabajamos los valores? ¿Qué valores transmitimos? ¿De qué herramientas disponemos? ¿Para qué hacemos lo que hacemos? Son algunas preguntas que podemos hacernos.
  2. Objetivos y plan de acción: Una vez sabemos dónde estamos, necesitamos diseñar un plan de acción que nos lleve a donde queremos estar –objetivos que también deberemos cuantificar para cada uno de los 14 puntos-. Algunas acciones posibles pueden ser charlas, talleres y procesos de coaching.
  3. Evaluación y seguimiento. Habremos definido indicadores y fuentes de medición que nos permitan evaluar el proceso de acuerdo a los objetivos.

Si eres profesional docente, educador/a, padre o madre de familia y quieres convertir tu centro en modelo de no-violencia según las recomendaciones de la UNESCO o trabajar algún aspecto en concreto para sentirte más alineado con la cultura de pazponte en contacto conmigo y cuéntamelo.

Firmado por Ismael

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