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El Rincón de Ismael

Coaching para hacer las paces
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Día mundial de las personas refugiadas.

Persones refugiades a la frontera amb Turquia.

"Réquiem por Europa" era el título del acto con el que nuestra ciudad commemoràvem ayer el día internacional de las personas refugiadas. Hombres, mujeres, niños y mayores, obligados -quiero poner énfasis en el adjetivo- a abandonar su país, dejando atrás su pasado, viviendo un presente desgarrador, y sin horizonte a la vista. Pusimos la intención en la realidad de Siria, sin olvidar tantas otras vallas levantadas en todo el mundo.

Fue después de la Segunda Guerra Mundial cuando los países de aquella vieja Europa se comprometían mediante tratados a construir una nueva con un modelo basado en valores como la solidaridad, la dignidad humana, igualdad, democracia, Estado de Derecho y respeto a los derechos humanos. Prometía ser un paso adelante ambicioso con dinámicas de gobierno que tuvieran las personas como centro.

Si la teoría, plasmada sobre papel y escenografía, resultaba esperanzadora, su implementación ha sido bien diferente. Si bien hay que reconocer signos como la caída del muro de Berlín, también se impone una mirada crítica en cada una de las vallas que hemos levantado en zonas limítrofes del territorio europeo donde se producen flujos migratorios hacia nuestro continente.

A esta vulneración del derecho de libre circulación y asilo, se añade una desarrollada ingeniería de consenso con la que gobernantes y otros poderes fácticos nos ocultan las causas reales de estas migraciones, incitando a mirar hacia otro lado y dando espacio a la proliferación de argumentaciones populistas, sostenidas en la crisis económica, que alimentan la xenofobia. Obviar las consecuencias de los intereses económicos y geopolíticos que tiene Europa en estos territorios se convierte en un atentado a valores como la transparencia y la democracia.

Bajo estas vallas y fronteras físicas, hay otras mucho más invisibles pero que se convierten en cimientos para las que se ven. Son nuestras propias fronteras psicológicas, construidas con unos materiales etéreos como son nuestras experiencias de vida, lo que hemos aprendido o no hemos aprendido, y al fin, yo destacaría nuestros valores y cómo gestionamos nuestros miedos. Tener miedos es intrínseco al ser humano y sano dentro de unos límites. La cuestión está en que hacemos con ellos, si los traspasamos o dejamos que nos paralicen. El último material que integra estos cimientos, es esta máxima que nos han querido hacer creer de que, como ciudadanosy ciudadanas, no podemos hacer nada al respecto. Tengamos presente que somos nosotros quienes elegimos a nuestros representantes, quienes decidimos que consumimos y a quién compramos, quienes podemos organizarnos para ejercer nuestro poder...

Tenemos trabajo, mucho trabajo, y necesitamos empezar prestando atención a nuestras fronteras psicológicas individuales y colectivas. Necesitamos ponernos en solfa con valores como la empatía que nos permita identificarnos con el sufrimiento del otro; la conciencia para darnos cuenta que no somos seres atomizados, sino partes de un cuerpo humanidad que sólo está en equilibrio cuando todas las partes lo están; la valentía para grita fuerte que ya basta y plantarnos; la paciencia para insistir una vez más; la claridad para no dejarnos engañar; la solidaridad y humildad para acoger al otro desde la curiosidad, la ternura y el respeto; la dignidad por el solo hecho de ser persona.

Quiero terminar apelando al valor de la esperanza, pero dejadme decirle esperanza activa y provocativa. La esperanza de que aún estamos a tiempo del cambio, pero que ni vendrá solo, ni vendrá de arriba, sino de nuestro trabajo diario para tumbar muros de todo tipo, porque, además mañana podrías ser tú o podría ser yo.

Y tu, ¿Qué otras acciones crees podemos hacer como ciudadanos y ciudadanas?

Recibe un sentido abrazo.

Firmado por Ismael

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