Inici >> Relats >> Inquilinos

El Rincón de Ismael

Coaching para hacer las paces
Facebook Twitter GPlus Youtube LinkedIn

Inquilinos

--No he dormido esta noche. Tenemos que hacer algo.

Hacía ocho años que José y María tenían tres hijos entre cinco y quince años, y el cuarto estaba en camino. Por ello decidieron mudarse de piso para tener un poco más de espacio. Después de hacer la mudanza se planteaban si vender el antiguo, con lo que  tendrían dinero disponible para pagar el nuevo casi sin hipoteca, o bien alquilarlo como una inversión que podría darles ingresos extras a largo plazo.

José trabajaba como contable en una gestoría, y María tenía su propia peluquería. A ninguno de los dos les iba nada mal económicamente, aunque, por otro lado, trabajar y cuidar a sus hijos como les gustaba hacerlo, requería su tiempo y tenía sus complicaciones.

Finalmente, decidieron alquilar el piso para tener ingresos extras durante años, con los que podrían pagar los estudios de sus hijos. Durante al principio tuvieron unos inquilinos estupendos que pagaban rigurosamente cada mes, hasta que un día decidieron marcharse y la cosa se empezó a torcer. No tardaron en volverlo a alquilar pero pasó el primer mes y los nuevos inquilinos no pagaron, y el segundo y tampoco. A demás, como tampoco pagaban ni luz, ni agua, las compañías cortaron los suministros. Pero, en vez de cortar el suministro del piso alquilado, cortaron el de la vivienda de José y María.

--En algún momento del día hay que llamar a las dos compañías --dijo José--.Hoy estoy todo el día reunido, después tengo que recoger el coche del taller y llevar el otro a pasar la ITV.

--Pues a mí no me queda ni una hora libre en la a peluquería. De hecho acabaré más tarde de lo habitual, y además hay que llevar a la pequeña a inglés y a Pedro al gimnasio. Mientras, aprovecharé para comprar.

José tenía un par de reuniones en esa mañana y, entre medio, se había reservado quince minutos para preparar la segunda. Fue de ahí de donde arrancó algunos minutos para hacer las llamadas, pagando el precio de incrementar, aún más, el estrés. Finalmente, cortaron el agua y la luz a los inquilinos, al mismo tiempo que recibieron una citación del juzgado. Entonces se marcharon de la vivienda. Sin embargo, se repitió la historia con los siguientes inquilinos.

Era un Viernes por la noche. Los niños ya se habían acostado y José y María se sentaron en el sofá agotados de la semana, como cada Viernes de hecho.

--¿Te das cuenta que nos hemos montado una vida que en teoría nos iba a dar bienestar y lo que está haciendo es asfixiarnos? –soltó José con tono de desesperación y la mirada al infinito--.

--Yo también tengo la misma sensación. Tenemos dinero y patrimonio pero, paradójicamente, mantenerlo no nos deja disfrutar de ello, de la vida y de nuestros hijos.

En aquel momento empezaron un proceso de reflexión y cambio, que tuvo como primer paso deshacerse del piso viejo y liberarse de la hipoteca del nuevo. Este acto ya les libero también de muchos malos sueños y quebraderos de cabeza. Los niños redujeron su nivel de actividades para jugar más en los parques y en la naturaleza. Se dieron cuenta también que ya no necesitaban dos coches, ni dos plazas de parquing, ni los recursos para mantener todo aquello. Fueron buscando lo que era realmente esencial para ellos y desprendiéndose del resto.

De repente la vida era mucho más fácil y ligera, aunque, claro está, habían renunciado a gran parte de su patrimonio.

***

¿Tiendes a buscar lo esencial y centrarte en ello, o prefieres los beneficios que pueda aportarte la complejidad? ¿Qué es para ti el valor de la simplicidad? ¿Cuánto de importante es para ti? ¿Qué te aporta?

Valors que treballa: 

Añadir nuevo comentario

Subscripció al butlletí

Únete a la red de personas que queremos vivir en plenitud contribuyendo a una cultura de paz. Subscríbete al boletín