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El Rincón de Ismael

Coaching para hacer las paces
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Taller de pintura

Era su cuarenta cumpleaños. Pedro, los Domingos al despertarse, solía quedarse un rato estirado en la cama dejando divagar su mente por las vivencias de la semana, en un intento de extraer aprendizajes. Esa mañana de invierno nublado hizo algo parecido, solo que, en vez de venirle imágenes de la semana, empezó a visualizar una secuencias de escenas sucedidas en aquellos cuarenta años.

Se fue a su infancia, en el patio de aquella escuela, jugando con sus compañeros en el recreo y recibiendo clases magistrales de aquellas profesoras y profesores. Claro esta que no lo había podido elegir. De hecho ningún niño lo elige. Cuando llego la época de decantarse por alguna profesión, parecía que los números se le daban bien y su entorno le persuadió para estudiar una ingeniería sin saber demasiado ni cómo ni para qué. Al acabar entro en el primer trabajo que se le presento como posibilidad, igual que podía haber  escogido cualquier otro. Al fin y al cabo, los ingenieros tenían muchas posibilidades en aquel entonces. Su pareja parecía haberle elegido ella a él más que otra cosa, y algo parecido con la cantidad de hijos que querían traer al mundo.

Mientras estas imágenes y pensamientos le ocupaban el espacio mental, un escalofrío le recorrió el cuerpo de los pies al punto del entre cejo. “Y en realidad ¿Yo qué quería y que quiero?”. Se dio cuenta que nunca había tenido unos objetivos claros y un camino para llegar a ellos. Era una sensación extraña entra la tranquilidad de dejarse llevar y el abismo de dejar escapar la vida sin tener un para que vivirla.

Los rayos de sol iluminaban ya la habitación al entrar por los agujeros de la persiana que nunca bajaba del todo. Marta, su mujer, ya se había levantado hace un rato. De repente se acordó de cómo disfrutaba en aquel taller de pintura que se organizó en la escuela como extraescolar, y al cual sus padres le apuntaron para que estuviera atendido mientras ellos terminaban la jornada laboral.

— Marta, he tomado una decisión esta mañana en la cama —le explicaba su mujer mientras desayunaban—.

— Ui, ¿Decisiones de buena mañana el día de tu cuarenta cumpleaños?

— Me he dado cuenta de que nunca he tenido un plan en mi vida, ni un objetivo, solamente me he dejado llevar por las circunstancias, y mientras tanto, mi vida se escurre momento a momento. Quiero dedicarme profesionalmente a pintar y hoy voy a trazar mi plan de acción.

Marta se quedó tan sorprendida que no supo ni que decirle. Solo cogió a los niños y se los llevó unas horas a jugar al parque. Mientras Juan, sin esperar más, cogió un papel y un bolígrafo y se quedo un momento pensando.

“¿En que momento pintaré?”, “¿Dónde lo haré?”, “¿Qué necesito?”, “¿Cuándo puedo tener algo para vender?”... Durante algo más de una hora estuvo reflexionando sobre todas estas preguntas y apuntando ideas.

Pensó en levantarse una hora antes por la mañana, los niños y su mujer todavía estarían durmiendo y tendría calma para pintar. Por suerte tenían un garaje grande y podría habilitar un trozo para los caballetes y material que necesitaba. Podría tenerlo habilitado en unos quince días y disponía de algunos ahorros para financiarlo. Aunque le faltaba experiencia se atrevió a suponer que en un par de meses podría tener algunos cuadros para vender y, mientras, contrataría a alguien que le configurará una tienda virtual en internet.

Juan sabia ahora para qué se levantaba cada día y que tenia previsto hacer.

***

¿Tienes objetivos en tu vida? ¿Tienes un plan para conseguirlos? ¿Prefieres dejarte llevar y sorprender? ¿Encuentras un equilibrio entre ambas opciones? ¿Qué es para ti el valor de la planificación y cuanto de importante es en tu vida?

Valors que treballa: 

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